La tarde en el estadio Monumental prometía ser una fiesta, pero terminó transformándose en un escenario de tensión, bronca y una amargura difícil de digerir para todo el pueblo millonario. El Superclásico dejó un sabor agridulce, no solo por el resultado adverso que terminó favoreciendo a la visita por la mínima diferencia, sino por la forma en que se definió el destino de los tres puntos en el campo de juego.
Los minutos finales se vivieron con el corazón en la boca. Con el reloj corriendo y la desesperación lógica de buscar el empate que le permitiera rescatar aunque sea una unidad, el equipo dejó todo en cada pelota dividida. El ambiente estaba cargado de electricidad, con cada jugador de River intentando romper el cerrojo defensivo impuesto por el rival, mientras la hinchada empujaba desde las tribunas en una comunión inquebrantable.
Sin embargo, cuando el partido se moría y la última esperanza de rescatar el empate se diluía, ocurrió lo inesperado. En medio de un centro lanzado por Marcos Acuña hacia el corazón del área, con el objetivo de encontrar una cabeza salvadora que pudiera vulnerar la valla de Leandro Brey, se produjo una acción que detuvo el tiempo. Lautaro Blanco se desentendió por completo del balón y cargó con fuerza sobre la espalda de Lucas Martínez Quarta, desestabilizándolo en el aire. El árbitro Darío Herrera, increíblemente, hizo la vista gorda y ni siquiera el VAR intervino para corregir el error, dejando a todo el estadio con un grito de gol ahogado y una bronca que recién empezaba a gestarse.
La palabra autorizada que pone el dedo en la llaga
Ante semejante despropósito, las voces no tardaron en alzarse. No se trata solo de la opinión del hincha, sino de figuras que conocen el reglamento y la dinámica del arbitraje a la perfección. Es aquí donde aparece la figura de Javier Castrilli, ex árbitro internacional y palabra más que calificada para analizar este tipo de situaciones. Lejos de esquivar el bulto, el ex juez fue contundente al analizar la repetición de la jugada que terminó sentenciando la suerte de River en el clásico.
«Hubo un claro desplazamiento con el brazo. Penal», sentenció Castrilli a través de sus redes sociales, desatando un debate que promete extenderse por varios días. Para el ex árbitro, no hay margen de error ni interpretación que valga: la falta existió y fue deliberada.
Un problema estructural que preocupa al fútbol argentino
Más allá de la jugada puntual en el Monumental, el análisis de Castrilli fue mucho más profundo y se convirtió en una crítica feroz al presente del arbitraje en nuestro país. Según su visión, lo que ocurrió con Herrera no es un hecho aislado, sino una pieza más de un rompecabezas que tiene a los clubes y a los fanáticos en vilo cada fin de semana.
«Ya es una constante en el fútbol argentino. La falta de Seguridad Jurídica dentro del juego. Reina la imprevisibilidad. Jamás se sabe si cualquier falta tendrá la sanción correspondiente», disparó el ex árbitro. Además, explicó técnicamente por qué la acción de Blanco debió ser sancionada sin ninguna duda: «Un empujón no requiere que sea realizado con fuerza tal que haga caer al adversario, sino que resulte suficiente para desestabilizarlo. Blanco sorprende a un Martínez Quarta con ambos pies apoyados en la misma línea, notándose claramente el impacto en los movimientos».
Mientras tanto, en el campo de juego, el capitán Martínez Quarta no ocultó su impotencia ante Herrera apenas sonó el silbatazo final. «Es penal. Me extraña de vos, que vas al Mundial», le recriminó el defensor, recibiendo como respuesta una negativa absoluta del juez, quien se mantuvo convencido de que no había existido infracción alguna. Una tarde para el olvido donde la tecnología, una vez más, brilló por su ausencia.
Datos clave
- Darío Herrera no cobró un penal evidente sobre Lucas Martínez Quarta en los minutos finales del Superclásico.
- Javier Castrilli respaldó el reclamo de River calificando la acción como una falta clara por desplazamiento con el brazo.
- El arbitraje argentino fue duramente cuestionado por la falta de uniformidad y la ausencia de intervención del VAR en jugadas decisivas.


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